A Emilia, por la grandeza y la suerte de la compa?ía.
Héctor Pascual Gallo Portieles es uno de esos personajes en peligro de extinción. Querido y admirado por todos los que le conocen, es tan legendario y auténtico como los ya desaparecidos Bigote de gato y El caballero de París. 
?Sus particularidades o haza?as? Para un mejor entendimiento las divido en espirituales y tangibles. En esencia la primera: demostrar que nunca es tarde para comenzar una nueva, fructífera y feliz vida teniendo como aliados un buen amor y a los afectos. La segunda: lograr hacer cosmopolita parte de una geografía donde antiestéticos edificios caracterizan una aburrida arquitectura: Micro X, un barrio del municipio de Alamar, al este de la Ciudad de La Habana.
En sí este hombre de blanca barba y larga melena (del que casi juraría copió Papá Noel), con bastón decorado con huesos y colmillos, que usa collares y pulsos; ha hecho que en su hogar los objetos inservibles devengan obras de arte e ingenio. El lo llama ''El mundo de Gallo'' y es en sí un conjunto de piezas que cubren las paredes interiores de su peque?o apartamento y el jardín de su edificio 11C, al que llama “Jardín de los afectos”.
Muchos a?os antes de materializar su mundo Gallo fue barbero, diplomático y periodista. A finales de los ochenta, le llegó la hora del retiró laboral y fue entonces que pasó a vivir en Alamar. Hoy, a sus 82 a?os de edad se autodefine como: “barbero de oficio, periodista de profesión, so?ador por naturaleza y optimista por convicción”.

La génesis de la historia del “Mundo de Gallo” es contemporánea con la del Periodo Especial. La escasez en los a?os noventa principiaba en el diario de los cubanos y muchos remplazaron las plantas ornamentales por cultivos varios. Mientras, Gallo limpiaba todo tipo de basura tirada por inconscientes en el jardín de su edificio y fue dándole forma alguna chatarra, alambre o pedazo de puerta para plantarlo allí.
“En esa época algunos sembraban para alimentar el estomago y yo sembraba para alimentar el espíritu”, dice con orgullo. Hay que aclarar que Don Gallo siempre llevó el Quijote en su alma. Cuenta la mayor de sus nietas que un día, por el tiempo en que su abuelo cumplía misiones diplomáticas en Kampuchea, este se apareció cabalgando un elefante en la casa donde vivían. Entonces hizo que Emilia, su esposa, subiera al techo del garaje para montar el animal. Así, de película, como un sui géneris cowboy al rescate de su amada. Pero sus benditas “locuras” en Micro X iniciaron exactamente en 1990.
Hoy, dentro de su hogar por ejemplo, ya exhibe el millar de piezas que cubren las paredes, puertas y parte del techo. Los materiales y equipos hogare?os se confunden con relojes de muchas épocas, rocas de lugares recónditos, fotos, botas, sandalias, tarros, caracoles, sombreros, troncos, ármas de fuego del siglo XIX, máquinas fotográficas viejas, teléfonos, placas de autos, cuadros de grandes pintores cubanos…

Tiene obras sorprendentes como unas que mutan en figuras casi humanas las cuales trasmiten al visitante todo el empe?o y perspicacia de su progenitor. Por más increíble que pueda parecer y lejos de cualquier imagen que pueda este fotorreportero trasmitir, sus invenciones están bien organizadas y cada una cuenta con su historia.
En el Jardín, sorprenden desde una motocicleta que solo tiene dos piezas de un verdadero ciclo motor y una escalera con mu?ecas colocadas en sus pelda?os que ningún ciclón ha podido tumbar hasta un grupo de máquinas contadoras rusas que sin dudas clasifican como verdaderas piezas museables. Sobre la motocicleta, una de las primeras obras del Jardín, confiesa: “Cuando joven siempre quise tener una, así que me dispuse ahorrar el dinero y cuando ya lo tenía completo le subieron el precio. Al final nunca pude tener aquella motocicleta y ahora ya tu ves, yo mismo me la he construido”. Entonces me cuenta que a veces convida a su dama a dar una vuelta en ella; lo que Emilia afirma con un gui?o muy pícaro. También está la tumba de Enrique Nú?ez Rodríguez. Sin embargo el escritor cubano nunca estuvo en el Jardín, tampoco su cuerpo descansa allí. Solo hay suyas unas cenizas de cigarros. Dice Gallo: “él supo que yo tenía entre las piezas del Jardín algunas tumbas. En aquel momento Nú?ez Rodríguez me pidió que le dejara un espacio y me mandó las cenizas de unos cigarros que había fumado. Así lo hice, cumpliendo la voluntad de un amigo.”
Porque entre tantas leyendas tejidas sobre Hector Gallo hay una que reza sobre la cantidad de esposas a las que ha enterrado. Entonces él, aprovechó el chisme y construyó las tumbas. Más…luego del mito Gallo aclara que siempre ha estado al lado de Emilia, su verdadera musa, su Dulcinea (?de Alamar?), la que lo peina antes de salir; esa mujer siempre hermosa con la que ha compartido seis décadas entre “amoríos, noviazgo y matrimonio”. Emilia merece párrafo aparte en esta historia.

En mi -quizás atrevida- opinión, ella es la inspiración y la grandeza del Mundo de Gallo. Y lo noto por ejemplo cuando él la mima o cuando ella escucha con orgullo los cuentos de su amado para un nuevo visitante. Esos cuentos que debe haber escuchado en incontables ocasiones, pero que la sorprenden como si los oyera por primera vez. La relación de Don Gallo y Do?a Emilia es sin dudas uno de los atractivos más fuertes de este lugar.

El Jardín de los afectos también atesora poco más de 200 refranes y Gallificasiones, o sea sus ocurrencias escritas a “partir de refranes y frases ya existentes”. El soporte para escribir no es problema lo mismo en pedazos de latón que en pantallas de TV, cualquier material soporta la filosofías de este hombre.
Gallo define su obra como “popular y espontánea” y le ha valido entre otros reconocimientos, el premio Artista del Barrio otorgado por la Coordinación Nacional de los Comites de defensa de l?a Revolución(CDR). Fue hermanado también por el Consejo de Extremadura, Espa?a, por donde anda ahora en compa?ía de Emilia y con motivo de la presentación de un libro y una multimedia dedicados a su obra.

En 16 a?os que lleva de creado este sitio ha recibido la visita de miles de personas de todo el mundo. Muchos llegan por casualidad y sorprendidos piensan que hasta es un espejismo. Y no es de extra?ar luego de andar bajo el sol por las monótonas calles de ese barrio. Por medio de este fotorreportaje solo preciso brindar un acercamiento a la personalidad amada de un hombre y su mundo.

Título: Manos de un Gallo (detalle)