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Fotorreportero(Holguín 1981)

lunes, octubre 02, 2006

El danzón, ritmo suave y sabrosón

En el Liceo de la provincia de Matanzas, durante los festejos por la llegada del a?o 1879, un mulato llamado Miguel Failde estrenó una forma musical que alteró la adrenalina de los asiduos a salones de bailes de la época: el danzón. Este ritmo, debido a su alta expresión de identidad nacional, se convirtió en el Baile Nacional de Cuba allá por los a?os veinte de mil novecientos. Fueron tiempos en que trataban de imponer a nuestra cultura estilos estadounidenses. Hoy en Cuba, a más de cien a?os del suceso, el danzón no es lo que pudiéramos llamar una práctica multitudinaria. Y por supuesto, tampoco figura entre los compases admitidos por la mayoría de los jóvenes cubanos. Sin embargo no faltan quienes insisten en demostrar que el danzón es “para siempre”. Así lo exponen los protagonistas de este fotorreportaje, un grupo de abuelas y abuelos que se reúnen en una casona habanera en las tardes de los miércoles para tirar, al compás de un buen danzón, un pasillito. De esta forma se agolpan los a?os mozos, están desde los que reafirman sus condiciones de buenos bailadores hasta los especialistas en distinguidos piropos. Un abuelo me comenta: “oiga joven, como se baila bien de verdad el danzón es manteniendo la elegancia, bien apretadito y sin salirse de una baldosa. Se lo digo yo que llevo en esto 46 a?os”. Entonces rapta a una joven cercana a él y muestra cómo se hace mientras me regala una carcajada para la foto. El danzón, en su forma danzaría, surge al mezclarse los bailes de salón con los influjos ya mestizos del son. Las características de este nuevo baile fueron: una “mayor libertad expresiva asentada en lo coreográfico, en el tiempo de baile y en la pareja enlazada con evidentes influjos afroides en su ritmo”. Y debido a las amplitudes de esos rasgos se le empezó a llamar danzón. Algunos manuales de danzas folklóricas emiten que el baile del danzón se constituye de tres etapas que no necesariamente tienen un orden secuencial. En la primera se baila en un tempo lento y cuidando mucho el estilo, mientras los movimientos crean cuadros en el piso a ritmo de tres tiempos. En la segunda etapa todos aplauden la orquesta al tiempo en que las mujeres lucen sus tradicionales abanicos y los hombres se acomodan el “bulto”. Ya en el final de la pieza se baila más rápido, a ritmo del son cubano. La curiosidad de mi lente no deja escapar la esencia de las viejas costumbres: Entre estas parejas no faltan los abanicos (el calor en todas las épocas siempre fue tremendo), el baile muy pegado, con un gran estilo afianzado por el vestuario y una velocidad sensual. En su forma musical inicial consta de una introducción, parte de clarinete, entrada repetida y trío de metales. Este formato corresponde a la orquesta de viento, integrada por cornetín, trombón de pistones, figle, dos clarinetes, dos violines, contrabajo, timbales y güiro. Por supuesto, con el paso del tiempo y en una tierra como la nuestra donde son acaudalados los manantiales de la música, el género se ha desarrollado en diferentes aristas. Ya desde los mismos inicios de la década del setenta del siglo XIX el propio Failde, cornetista y director de la orquesta típica de viento de la Atenas de Cuba, estaba experimentando con diversos géneros musicales. Cuentan que adaptó, en un tema por encargo, la contradanza al compás de la habanera. ?Caramba ni el danzón escapó al ajiaco del cual habló Don Fernando Ortiz! “Es más que ritmo bailable, - escribió en un artículo Jesús de León, un empedernido danzonero azteca- es un estilo que mezcla la música y el sentir de tres continentes: de Europa proviene el antecesor, una práctica burguesa en un intento por imitar el baile cortesano; en América tuvo su asentamiento y evolucionó a lo largo de los a?os, y de África es el ritmo, la clave y la sensualidad”. Resulta asombroso el impacto que cada pieza produce entre los presentes. Dan ganas de soltar la cámara fotográfica y convidar a una de estas abuelas. Con razón en otros países como México, Puerto Rico y República Dominicana, el género se ha desarrollado con tanta fuerza que, hasta podría decirse, es de dominio popular. Todos los que pasan por la calle quedan absortos por la escena. Les asombra quizás la ligereza de estos abuelos. La edad promedio de los asistentes al baile debe ser de unos sesenta y pico de a?os. A la verdad que puede resultarles extra?o, anacrónico tal vez, este ritmo con unas frases melódicas nada aburridas a esos que se embullen en tanto reguetón. No aguanto más. A un lado mi papel de fotorreportero por un rato. Me sumo al baile. Voy detrás de esa composición que ahora suena: “Hasta la Reina Isabel baila el danzón, porque es un ritmo suave y sabrosón”.